Si
consideramos la situación actual de los países desarrollados, vemos que la
gente o parece más feliz que en el pasado, y a menudo tampoco tiene mejor
salud. Los desechos ambientales que produce la tecnología han creado nuevas
formas de enfermedades y fomentado otras. El propio trabajo es hoy más monótono
y decepcionante. El ser humano necesita realizar algo que estimule su cerebro,
su capacidad manual y también necesita variedad.
La industria
de base tecnológica ha dislocado la familia. Por ejemplo, el hecho de tener que
dedicar mucho tiempo al transporte separa a menudo a un padre de sus hijos.
La
sociedad tecnológica tiende también a separar a la madre del niño pequeño. La
facilidad de las comunicaciones incita a los hijos a irse muy lejos, y la
familia ampliada a dispersarse más. Además de todo esto, a consecuencia de todo
esto, se debilita la transmisión cultural de las técnicas (por ejemplo, la
cocina, la educación de los niños, etc.) y los pedagogos tienen que intentar
colmar esta laguna.
Normalmente,
las sociedades están integradas por grupos coherentes en las cuales se reconoce
la identidad personal y se ejercen presiones para coartar los actos
antisociales. Si están demasiado aislados, estos grupos se vuelven opresivos.
En un primer momento, los efectos de la facilidad de las comunicaciones parecen
beneficiosos, porque liberan a la gente de las presiones locales, pero al
persistir esta tendencia, se quedan a menudo aislados.
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